Milán

Un año más hemos compartido con los amigos de toda la vida una escapada vacacional y en esta ocasión hemos vuelto a viajar con Drumwit y como ya ocurrió en anteriores ocasiones entre las 72 y las 48 horas previas llegó un correo con el consabido “Y vuestro destino es…”. Como ya podéis suponer, por el título de la entrada, el destino fue Milán.
Una ciudad que no deja de sorprender. A cualquiera que le preguntes por Milán seguro que te habla de El Duomo, su magnífica e impresionante catedral, aunque hay mucho más…

Y puesto que todo el mundo se refiere a él como lo único digno de mención, comencemos por El Duomo:

La verdad es que impresiona. Llegas a la plaza del mismo nombre y te la encuentras a reventar de turistas disfrutando de las vistas, de oportunistas que a cambio de unos cuantos euros te dan algo de cereal para ponerte en las manos y hacerte una fotografía delante del Duomo con las palomas (las hay a cientos) revoloteando alrededor tuyo… ni que decir tiene que pasamos de esa parafernalia.

Al ser una escapada de sólo cuatro días, el tiempo no da para mucho, así que sin entretenernos mucho pasamos al interior y nuevamente la sorpresa llegó a nuestras caras… las vidrieras, las bóvedas de crucería, los detalles, todo acorde con la magnificencia de la Catedral.

Como ya he dicho el tiempo era corto, así que no contratamos ni la subida a las terrazas (por cierto todas llenas de andamios) ni el paso a los restos arqueológicos del interior. Así pues sólo pudimos pasar a la cripta de San Carlos Borromeo, al igual que el resto magnífica.

Y no podía faltar una fotografía por la noche… con tanta vida como a cualquier otra hora diurna.

Lugar de visita casi obligada es el Cementerio Monumental.

Aunque en España no sea muy habitual la visita a cementerios, en otros países se convierte algo prácticamente imprescindible por la cantidad de obras de arte escultóricas que podemos contemplar.

Ni por asomo creíamos encontrarnos lo que allí vimos.

Y es que Milán también tiene canales, allí les llaman Navigli… de acuerdo, no es Venecia, pero sí hay canales con aguas cristalinas y, además, si buscáis un lugar en el que tomar algo y comer, os aseguro que es más económico que la zona del Duomo.

 

Callejear, Tranvías, Castello Sforzesco, etc., etc…

Milán aún nos guardaba muchas sorpresas, con vestigios de la Roma Imperial, la red de tranvías en los que aún encontramos auténticas joyas de principios del siglo XX, el Castello Sforzesco una fortaleza medieval, multitud de iglesias por doquier, incluyendo Santa María delle Grazie en el que los pocos afortunados que consiguen entrada pueden pasar a disfrutar de uno de los frescos más afamados de la historia: «La Última Cena» de Leonardo Da Vinci.
La Scala de Milán, su afamado teatro de ópera, la Arena Cívica, estadio para múltiples usos edificado en tiempos del dominio de Napoleón Bonaparte, las Galerias de Vittorio Enmanuele II (unificador de Italia), y así hasta un largo etcétera.

 

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